
Cansado; arroje mi tarjeta bip a la basura.
Me senté tranquilo en la roñosa escalera del metro; total ya había llegado tarde a clases.
Todas las mañanas se esfumaba mí tiempo ayudando a las abuelas a subir sus bolsos a las escaleras; y en negarme a subir a los vagones, abusando de la potencia de mis brazos.
Muchos hombres de oficina miran con envidia mis brazos; de seguro deben decirse a sí mismos:
-“Que joven tan estúpido; yo con esos brazos empujaría a medio vagón y me iría sentado al trabajo”
Pero yo no juego; el respeto juega un papel muy importante en mi; casi tan importante como la prueba que tengo a la primera hora; es decir en diez minutos más.
Un anciano con estilo de profeta, que vende parches curitas; y que al parecer tiene la capacidad de oír los pensamientos de los demás, me mira con ternura y me grita con voz ronca:
¡Tranquilo cabeza de cordero, el tiempo pasa volando, bien o mal para ti, siempre vuela!
Sentí como todas mis moléculas canalizaron su energía en mi mano derecha; que mecánicamente saco un billete del bolsillo; y lo depositó en la palma extendida del profeta de los parches. No hubo palabras, solo pensé un enérgico muchas gracias. Y en seguida oí en mi cerebro un de nada cordero.
Comprendí.
El anciano abrió un morral casi tan viejo como el; y comenzó a sacar latas y mas latas de todo tipo de bebidas. Sin mirarme, comenzó con un trabajo de ingeniería digno de cualquier profesional, soldando nada más que con el suave pegamento de sus parches curitas baratos.
Al finalizar su obra, me miró con ternura y gritó:
¡El tiempo vuela cordero, vuela con él!
Me puse los zancos con desconfianza, y di unos saltos para comprobar su firmeza. Eran de la mejor calidad.
Gesticule un enérgico muchas gracias; que se difuminó con el eco de las personas y con el espacio donde momentos antes había un viejo que ahora no estaba.
Salí del metro de un salto; y comencé a cruzar la ciudad a zancadas.
Universidad de Santiago-estación central-ula-república-los héroes-moneda-universidad de chile-santa lucia.
Todo eso crucé de catorce zancadas. Salte y salte hasta llegar a la calle blascañas.
A mi escuela. Estacione mis zancos al lado de una motoneta blanca.
Y me dirigí a mi sala.
El tiempo Vuela El tiempo Vuela El tiempo Vuela El tiempo Vuela El tiempo Vuela El tiempo Vuela El tiempo Vuela El tiempo Vuela El tiempo Vuela El tiempo Vuela El tiempo Vuela
Era cierto.
La Prueba ya había terminado y vi temblar la mano del profesor, la vi temblar al tiempo que trazaba un delicado número; junto a mi nombre en su libro…
El Tiempo Vuela
lunes, 12 de mayo de 2008
Publicado por Descerebrados a las 1:09
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